Gestionar lo líquido por Mariano Musso

 In Artículos de Opinión
E

l Crecimiento de la autopista de la información gracias a la tecnología y la rápida aceptación de las redes sociales produjeron una revolución en las oportunidades que se presentan a los profesionales de la comunicación y las relaciones públicas. La comunicación “liquida” se ha impuesto y con ella se impone el desafío de reflexionar sobre cuán líquidos podemos ser y cuan sólidos debemos ser.

El concepto derivado de la definición de modernidad liquida de Zygmunt Bauman describe una comunicación flexible, que se desparrama rápidamente, que se filtra  y penetra, pero que también se evapora a gran velocidad; presenta desafíos de gestión de ese caudal con un sin número de beneficios pero que paradójicamente puede por exceso de volumen marchitar cualquier estrategia de gestión de la comunicación.

Las soluciones de hoy son los problemas de mañana

 

El estado líquido de la comunicación y la infraestructura de “acueductos” que conforman las redes sociales han creado un escenario fértil para poner en práctica acciones de comunicación, campañas, estrategias. Podemos comunicar gran cantidad de mensajes, gestionar nuestros propios canales masivos sin intermediarios, transmitiendo al instante y en piezas multimedia los contenidos para nuestros públicos. Con bajos costos de inversión podemos inundar a diario la atención de nuestros stakesholders. Comenzamos a mutar como profesionales de la comunicación y sumamos descripciones de nuestras tareas, ahora también somos managers de una comunidad.

La complejidad de lo simple

Este estado líquido hace complejo un proceso simple que no debemos perder de vista y debemos rescatar sin dejar de aportar al flujo virtuoso de las nuevas formas de conectarnos que tienen las redes. Emisor-mensaje- canal-receptor-retroalimentación; un proceso simple que se complejiza cuando lo ponemos en práctica y más cuando lo ponemos a rodar el súper autopista. Ese ritmo y esa complejidad muchas veces nos transforma en simple Comunicadores Logísticos*, carriers de contenidos, transportamos los mensajes y los despachamos. La velocidad y el caudal va borrando el papel principal que debemos cumplir en estos tiempos: ser Comunicadores Estratégicos. No solo ser deliverys de mensajes, si no saber si llegó, como se entendió, que efectos causo, que nuevas inquietudes despertó, establecer la pregunta como mecanismo de comunicación continua.

Cualquier plan estratégico de comunicación debe contemplar la interacción tradicional de la comunicación cara a cara. También debe incluir el compromiso firme de multiplicar los comunicadores estratégicos de la organización. Los líderes de equipos deben ayudarnos a ser líquidos (en la llegada y penetración) y solidos (en la interacción y la pregunta).

Las nuevas formas de la comunicación nos ponen en un lugar interesante de las organizaciones. Hoy la sociedad, las comunidades reales y virtuales exigen a las organizaciones y a sus representantes más y mejor comunicación. Exigen e interpelan, ponen a prueba y en crisis en todo momento las estructuras tradicionales de organización y comunicación.

Todos son receptores y todos son emisores y partes de una conversación que supera cualquier planificación. Estamos frente a una época  que como nunca nos plantea grandes oportunidades de transformación, y nos exige  transparencia, apertura, interacción en definitiva ser más y mejores profesionales.

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